
México 1990
Un brillo opaco en el mundial
El mundial de Italia ’90, segundo organizado por esta nación europea, prometía ser el mejor de la historia ya que los países que acudían a la cita estaban llenos de estrellas que suponían darle un brillo único a la Copa. Pero Maradona, Van Basten, Gullit, Lineker, Skuhravy, Gascoigne, Butragüeño, Scifo o Francescoli, dejaron al mundo entero con las ganas de ver su fútbol a la máxima expresión.
Fue entonces cuando la habilidad y alegría de Roger Milla, el oportunismo de Schillaci, las locuras de Higuita y el liderazgo y talento de Matthaus le dieron un toque especial a un evento que sorprendió por el carácter defensivo de la mayoría de selecciones.
Los dos hechos más destacados del torneo fueron: la figuración de Camerún, que le ha permitido desde entonces convertirse en una de las principales naciones futbolísticas a nivel mundial, y el tricampeonato conseguido por Alemania que era dirigida por Franz Beckenbauer, también campeón del mundo como jugador en 1974.
En la fase de grupos lo más resaltado fue la aparición de Camerún, Colombia y Costa Rica como naciones de un fútbol muy alegre. Brasil, aunque fue líder de su grupo, no mostraba el talento de épocas anteriores. La campeona reinante, Argentina, tuvo un mal inicio y apenas pudo pasar a la siguiente ronda como una de las mejores terceras.
Alemania frente a Holanda y Brasil contra Argentina fueron los grandes choques de los octavos de final. El primer partido se vio empañado por las constantes peleas entre los jugadores de ambos bandos que dejaron como saldo la expulsión de los históricos Rudi Voller de Alemania y Frank Kijkaard de Holanda. El resultado de esta batalla fue 2 goles por 1 a favor del conjunto teutón. En el segundo duelo, el clásico sudamericano se definió a favor de los argentinos por un gol a cero. El delantero Caniggia fue el autor de este tanto y lo hizo en medio de un frío y aburrido cotejo.
Ya en semifinales, apareció al poderosa magia del arquero argentino Goycochea que ayudó a que su selección derrotará a los anfitriones y máximos favoritos, los italianos, desde los tiros penaltis, tras igualar en el marcador a un gol. Otro dato de ese partido fue que el gol conseguido por Caniggia no sólo le dio el empate a Argentina sino que también quebró la marca de 517 minutos sin recibir gol del arquero Walter Zenga, récord aún vigente.
La otra semifinal también se definió desde la vía de los penaltis. Alemania se vengó de la final de 1966 y dejó sin aspiraciones de repetir título a Gary Linker, Paul Gascoigne y el resto de la corte inglesa.
De este modo Argentina y Alemania repitieron final, pero sería esta vez el conjunto alemán quien alzaría la copa, gracias a un penal ejecutado de manera magistral por Andreas Brehme ante, irónicamente, el arquero considerado un anti-penal: el argentino Sergio Goycochea. Este partido fue catalogado por la prensa especializada como una de los más aburridores de las finales mundialistas. Las figuras de la gesta germana, aparte del ya mencionado Beckenbauer, fueron los delanteros Voller y Klinsmann, actual entrenador de la selección teutona, el centro campista, capitán y figura, Lothar Matthaus, el pequeño pero habilidoso Thomas Hassler y el arquero Bodo Illgner.
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