
Suiza 1954
El mundo se asombra: ¡Alemania campeón!
Suiza fue escogida para organizar la fase final de la Copa del Mundo en 1954 por dos razones: primero, para homenajear a la FIFA, que cumplía 50 años residiendo en Zúrich (Suiza), y, segundo, por ser una nación neutral en la Segunda Guerra Mundial.
Este Mundial pasó a la historia al convertirse en el que mayor número de goles marcaron: 140 en 26 encuentros para un promedio de 5,38 tantos por partido. Un récord que no ha sido superado.
Como hecho curioso, en esta edición se presenció una de las peores grescas en la historia del fútbol, conocida como la “Batalla de Berna” que tuvo lugar durante un partido que se presentaba como uno de los mejores en la historia. La ofendida Brasil en el “Maracanazo” frente a la favorita, Hungría, todo un espectáculo. Sin embargo en pleno partido los jugadores de ambas escuadras protagonizaron una pelea que se saldó con dos brazos rotos, cabezas abiertas, ojos morados y toda clase de heridas. Al final los húngaros se impusieron por 4-2.
El fantástico equipo húngaro de Kocsis, Puskas, Czibor y compañía se convirtió en un ‘rey sin corona’, puesto que cayó derrotado en la final del torneo frente al equipo alemán y nunca alzó la copa Jules Rimet, pese a marcar el récord histórico de 27 goles anotados durante el torneo, poseer la medalla olímpica y ostentar un record de cuatro años sin perder en competiciones nacionales.
Alemania había sido descalificada por la organización del Mundial de Brasil 1950 por los crímenes cometidos en la Segunda Guerra Mundial y su participación sólo fue permitida, cuatro años más tarde en Suiza, cuando asombraron al mundo entero al acabar como campeones con un equipo que no se acobardó por las ofensas del público, que los tildaba de nazis.
Los alemanes habían perdido en la primera fase con lo húngaros (8-3). Pero en la final el técnico alemán Sepp Herberger alineó a toda su plantilla titular, cosa que no había hecho en el partido anterior, su estrategia funcionó y el resultado no pudo ser mejor: el equipo germano se impuso 3-2 para alcanzar la gloria y coronar a Fritz Walter como el artífice del “milagro de Berna”.
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